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domingo, 30 de junio de 2013

Masaje Infantil en familias adoptantes: un empujoncito al amor.

Como aspirante a educadora de masaje infantil, la adopción es uno de los temas que tengo que trabajar para mi certificación final, y he de decir, que es uno de los que más atracción e interés me está despertando.

La de las familias en situación de adopción es la historia de un viaje. Un viaje hacia el amor, un viaje hacia la ilusión y un viaje hacia un encuentro. Este viaje, en la mayoría de las ocasiones es largo y duro pues en él se depositan ilusiones y la emoción está a flor de piel. Estas condiciones hacen que crezca el amor hasta límites insospechados y que ese amor genere una una imperiosa necesidad de proyección. Madres y padres adoptantes necesitan liberar todas esas emociones. Necesitan también recomponerse tras esa carga de inseguridades, evaluaciones y frustraciones que han pasado durante tanto tiempo atrás, durante todo el camino hacia la adopción y la única forma que tienen es liberando amor.

Esa necesidad principal de entregarse, de conectarse, de acoplarse a los ritmos de sus pequeños, de hacer unidad, de estar en sinergia con ellos puede resultar en esos primeros momentos un poco forzada. Sobre todo para los menores. Experimentan una aflicción por la pérdida, tienen que despedirse de cuidadores, de costumbres, de olores, sabores... tienen que adaptarse a una nueva familia y en un principio pueden mostrarse reacios a recibir esas grandes dosis de amor que sus padres necesitan entregarle. Es necesario un tiempo para acoplarse. Empezar poco a poco para no levantar barreras y sobre todo, respetar sus ritmos.

Promover la formación del vínculo del apego es la tarea principal del masaje infantil con bebés, por lo que en estos casos de adopción puede ser una herramienta muy beneficiosa para ayudar a las familias en el proceso.

¿Cómo puede ayudar el masaje infantil a las familias que adoptan? 

La práctica habitual de masaje infantil da lugar a una serie de energías en una familia. Requiere tiempo para la dedicación absoluta y en él se ven implicados todos los elementos necesarios para la formación del vínculo: cercanía, contacto físico, contacto con la mirada, sonrisas, respuesta a los estímulos, interacción... todo ello genera un espacio y un lugar tanto físico como emocional para que surja la comunicación.

Es necesario reconocer las necesidades emocionales de madres, padres y sus hijos para ayudarles a llevar a cabo esta práctica y que el masaje infantil se convierta en un aliado para darle un empujoncito al amor.

Algunas recomendaciones que les daría a los padres en este sentido serían: comenzar despacio, avisando, pidiendo permiso; validando y acogiendo los sentimientos, retirarse en el momento adecuado y volver cuando vuelve la confianza y sobre todo, darle el tiempo que necesite, con presencia y amor.

Si crees que esta técnica podría ayudarte, no dudes en buscar una educadora de masaje infantil cerca de ti, que te oriente detalladamente teniendo en cuenta vuestro caso concreto. Tu familia podría tanto participar en un taller normal junto a otras familias y bebés, como recibir sesiones individuales en la comodidad de tu hogar.

Vosotros y vosotras, madres y padres que adoptáis tenéis la mayor fortaleza a vuestro favor, y es la paciencia. Paciencia que habéis ganado a base de experiencias y emociones en todo vuestro camino recorrido. No existe ningún arma más poderosa para abrirle esa puerta al amor.











domingo, 23 de junio de 2013

Tiempo, respeto y amor



Perder a un bebé cuando estás esperando su llegada es uno de los sucesos más duros por los que una familia puede pasar. Sea cual sea el momento gestacional en el que suceda, el proceso es doloroso. Por otra parte, el entorno no suele ayudar. Tratando de que esa familia se sienta mejor se trata de restarle importancia con frases del tipo "aún sois muy jóvenes" o "ya vendrán más"... Y es así como con la mejor de las intenciones (que esa familia no se sienta tan mal) se consigue el peor de los resultados (que se queden sin la oportunidad de vivir su dolor).

Nombrar lo sucedido, darle un espacio en la experiencia vital y poder recordar el amor sentido hacia esa vida que se va son algunas de las claves para empezar a comprender el proceso y recorrer el camino del duelo.

Parte importante de ese camino comienza en la despedida física. En este sentido, el manejo expectante y la información actúan como protectores emocionales. De hecho, Cristina Silviente en este artículo afirma que "Las mujeres que son informadas, que pueden implicarse en el proceso, tienen mayor sensación de control y mejor adaptación y proceso de duelo"

¿Por qué vivir el duelo?

Cabe preguntarnos sobre nuestra capacidad individual y social para experimentar y concebir el dolor. Mónica Alvarez lo describe como un proceso de amor, porque todo dolor, en el fondo es amor. Y en los casos de pérdidas gestacionales es un amor que no ha podido ser entregado, pero que existe. Cuanto más duele algo, mayor amor hay en el fondo.

Es un proceso duro, pero si se comienza a recorrer y se transita con calma, traerá luz y paz. De lo contrario permanecerá en lo invisible, en algo negado. Y todo dolor negado genera diversos malestares que buscarán otras vías para manifestarse. No se van, simplemente cambian de forma.

Se trata de atravesar ese momento para continuar con la vida, para que la emoción familiar no se quede estancada y ensombrezca todo lo demás.

Tiempo para asumirlo, respeto para despedirse y amor para recordar. 

Alguien muy cercano está atravesando en este momento por esta experiencia y lo están haciendo de una forma ejemplar. Permitiéndose sentir, permitiendose chillar y llorar... despidiéndose... comenzando a elaborar... Ellos han inspirado este artículo y aunque no era mi intención mencionarlos aquí, siento que no puedo dejar de hacerlo. No se cómo están, lo intuyo, pero el mar está demasiado lejos. Mi abrazo desde la otra punta les llega, pero a mi me gustaría tener la oportunidad de llorar también su pérdida. Solo quiero que recuerden que en este momento de oscuridad e incertidumbre no están solos, porque ese bebé que se fue también formaba parte de nuestras vidas.